El primer cuadro de ésta colección «Amanecer después de un sueño» no es la primera experiencia artística de Fernando Brasó, es el resultado de lo acumulado como experiencia práctica, mecánica, una «mezcolanza» después de lo abarcado en distintas artes. Porque a la par de una gran sensibilidad, hay en Fernando un total rechazo a cualquier tipo de encasillamiento, ya sea artístico, laboral, etc. Claro está para él que en la búsqueda no hay un único camino y la suya, desde luego, ha tomado muchos. Su voluntad se orienta hacia el encuentro de lo positivo en todo lo que vive. Irradia optimismo, fuerza.
Teatro, música, literatura, artesanía o compromiso ideológico se han entremezclado en su vida con un gran abanico de oficios que eliminan toda posibilidad de distanciamiento interior con el mundo, con personas que pueden tener poco pero seguro que algo que ver con él.
Probablemente la pintura represente ahora un mayor grado de abstracción porque Fernando ha orientado durante muchos años su capacidad creativa a la realidad social y política de una etapa determinada.
Hijo de padres actores, se introdujo a los 16 años en el mundo del Teatro:
Comedia, zarzuela o teatro experimental infantil, fueron actividades a las que dedicó dos años «muy divertidos». En 1970 (19 años) declara en una entrevista que » la libertad es lo mínimo que puede pedir un hombre «.
El teatro deja paso a la música, compone canciones cuyas letras son poemas suyos o de autores universales: recitales, conciertos, mítines…
El panorama se complica y decide marchar a París donde comienza una lucha que es ahora de supervivencia. Allí estudia y trabaja como Ingeniero de sonido.
Se produce el regreso : Madrid, Barcelona, Formentera, isla en la que residirá siete años tras los cuales vuelve de nuevo a Madrid . Es 1987.
La colección pictórica que en 1988 presenta Fernando Brasó, es el resultado de una «reacción química» a la que llegó de una «manera natural», familiarizado ya con los diversos metales y colores que venia utilizando en artesanía, afición de siempre.
En su pintura la Naturaleza se palpa, y en su manera de hacer, en el proceso de materialización de un cuadro, aparecen los cuatro elementos de la vida natural y filosófica como bases consubstanciales de su técnica : agua, fuego, tierra y aire son transformados por el hombre desde antaño, en su expresión, en cultura.
«En la ciudad», obra realizada tras la vuelta a Madrid, hay un cambio de colores y sensaciones. Otro momento, otro lugar, supone otra motivación, porque » en los cuadros intento reflejar el momento de inspiración artística que viene de fuera, no lo dominas, aunque quieras. Te abstraes de una situación, de un problema, para comunicarlo. Son sentimientos que están totalmente ligados a ese problema. Sensibilizado y abstraído realizas algo que no controlas «.
Un algo muy especial : se llama Arte, y amanece después de un sueño…
Cristina Peláez Izquierdo.
Madrid, 31 de julio 1988