La colección pictórica que en 1988 presenta el pintor Fernando Brasó, nos dice Cristina Peláez Izquierdo, es el resultado de una «reacción química» a la que llegó «de una manera natural». Efectivamente, pero una «reacción química» lograda a conciencia y a base de un muy bien saber hacer y lograr formas, texturas y colores.

El efecto expresivo de su obra es de una tremenda y gran intensidad ; las superficies, vistas en perspectiva, son una especie de camino que conduce forzosamente la mirada del espectador hacia un protagonista principal : la Naturaleza.

En la preciosa y delicada muestra de Promo-Arte , el artista demuestra también una clara preocupación por los problemas de la luz y el color : la aparición de los valores cromáticos como resultado de las inflexiones lumínicas. La cuestión no ha sido resuelta tomando un ejemplo de la realidad, sino por un procedimiento que parece inspirado por la física experimental.

Los elementos en las composiciones de una gran mayoría de sus obras , han sido dispuestos en varias direcciones, de acuerdo con horizontes diversos,lo que determina que, en rigor, los cuadros pueden ser contemplados en varias direcciones.

A Brasó le interesa, lo que de disciplina, orden, poesía , sueño y frialdad inteligente existe en su obra. Él no intenta emplear estas soluciones de forma «pura», sino «aplicada». De ésa forma su obra se debate en los problemas de nuestro tiempo. Hay en ella la intención de encontrar un nuevo camino, un camino que conduce su arte hacia zonas más comunicativas.

Buen comienzo y excelente presentación la de éste artista en la ciudad hispalense.

Su obra, qué duda cabe, merece ser estudiada muy detenidamente.

Rafael MUÑOZ

El correo de Andalucía, sept. 1988